Felicidades, yo. Hoy hace un día más que estás viva. Es algo importante, un día más de tu vida, 24 horas más de lucha, sentimientos, pulsaciones, aire en tus pulmones... si, y demás polladas varias por las que merece la pena una felicitación así sin que venga a cuento.
Así que aquí va mi lista de propósitos para Junio:
1-Poder tachar más de 15 días del calendario en verde
2-Dormir siete horas diarias por lo menos (a la cama a las 11.30 de aquí a que acabe el curso)
3-Aprobarlas todas con 7 y 8 (más 8 que 7, a ser posible)
4-Ir al gimnasio, cortarme el pelo y teñirme de pelirojo (como casi cada verano)
vale, hoy me salto el punto 2, pero cuento con la inmunidad de que estamos a 31-1 depende de lo que convenga. ¡A partir de que me levante, entra en vigencia la nueva ley!
Hoy una chica de mi clase nos ha contado la paliza que les pegaron a ella y a su hermana el sábado pasado. Estaban en la calle Pelayo, junto a plaza Catalunya, habían pasado por el centro de los indignados después de celebrar el Barça, y se habían separado.
Uno de la secreta la paró y le dijo que se fuese a casa, que cargarían. Ella le dijo que no, que había perdido a su hermana (15 años) y que no pensaba irse sin ella. La siguió buscando hasta que empezaron a cargar, y ella echó a correr. Le dieron en la pierna, se escabulló por un callejón, y paró a respirar. Dos furgones se le pararon delante, y se cagó de miedo. Corrió de nuevo, le dolía la pierna, y se paró en un portal, hecha una bola, temblando, viendo como cientos de botas se paraban junto a ella. La zurraron a porrazos lo indecible, hasta que un borracho empezó a meterse con ellos y ella salió corriendo de allí.
Subió hasta Gran Vía, donde se encontró con su hermana, y ambas se sentaron en un banco a respirar un poco de aire fresco. Paradas, sentadas, gente alrededor, pero no demasiada. Pasa un furgón policial por detrás, la chica coge de la mano a su hermana "no te muevas, que después de lo de pelayo como movamos un músculo nos matan". El furgón se paró tras ellas. Cuando giraron la cabeza ocho pistolas asomaban por las ventanas. La mayor tiró a su hermana al suelo en cuanto empezaron a cargar. Ocho antidisturbios salieron a por ellas, las empezaron a pegar con las porras de plástico, la pequeña empezó a llorar "quiero irme a casa, quiero irme a casa, no puedo más". Lograron levantarse y la mayor le pegó un empujón antes de girarse a decirle al de más cerca "Hijo de puta, que tiene quince años!". Él la miró. "Corre, puta. Corre que te matamos!"
Hasta que he oído esta historia no me he creído realmente que pudiesen haber cargado tan cruelmente contra la gente, ni el viernes ni el sábado. Me la ha tenido que contar una compañera de clase tres veces para creer lo que le pasó, para creer de verdad que la policía en este país realmente funciona así. Es vergonzoso. Una cría que tiene diecisiete años, que es menor, que no llega al uno sesenta y no debe pesar más de 45 quilos, apaleada por OCHO hombres que por lo menos le sacaban dos cabezas cada uno. Es penoso.
¿Qué es libertad? Libertad es el derecho a elegir y la responsabilidad que conlleve consigo misma dicha elección. Libertad es crear tu esencia a partir de las decisiones que tomes a lo largo de tu vida. Libertad significa tener SIEMPRE dos opciones por lo menos. Libertad implica ser plenamente consciente de lo que estas haciendo cuando eliges. Y elegir tiene consecuencias.
Por eso lo irresistible es la superstición inventada por aquellos que tienen miedo a la libertad. Porque es tan difícil ser libre que necesitamos una excusa para creer, en ocasiones, que no teníamos otra opción. Para no tener luego una carga en la conciencia. Y es mentira. Siempre hay más opciones. Lo irresistible no existe.
Podrás andar junto al acantilado. Podrás caer. Da escalofríos pensar que siempre podrás saltar.
QUEDA PROHIBIDO LLORAR SIN APRENDER, LEVANTARSE UN DÍA SIN SABER QUÉ HACER... TENER MIEDO A TUS RECUERDOS.
Me bajo a plaza Catalunya y hablo con los de la acampada, paso horas allí, me realciono, hago un taller de teatro, cuelgo un cartel, hago sonar las llaves al son de los pitidos, participo en un debate acerca de la estupidez de la televisión.
Compro esprais y cartulinas suficientes para hacer una pancarta de tamaño gigante que pretendo bajar a hurtadillas la madrugada del último día del curso para que la vea mi distracción del otro lado de la ventana.
Estudio hasta horas intempestivas, preocupada por llegar a notas a las que sé que no voy a llegar en asignaturas que se me dan fatal.
No sé a quién trato de engañar. Intento encontrarle sentido a mi vida, algo que me abstraiga aun más, algo que me saque de mí misma, algo que tenga sentido, algo que me absuelva completamente. Algo en lo que creer, algo por lo que luchar. Y no es suficiente. No es suficiente, porque, por importante que sea, sigue sin ser más importante que mi propio problema, sigue sin captar lo suficiente mi atención.
A veces me pregunto si no estoy condenada. Si tiene sentido algo de esto. Si realmente la música aun sirve... o si dejó de tener sentido y yo no me dí cuenta. Cruzo los dedos. La suerte pasa medio metro por encima de la cabeza, así que salta, y, si estás cansado, no cuentes con ella.
En septiembre llegará el ying. No puedo tener media luna solo. Espero, algún día, llegar al yang.
Mi profesora de filosofía, probablemente la mujer más sabia que conozco, dijo una vez "es mejor la recompensa que el castigo. Fijáos en las democracias; van dando de poquito en poquito, demasiado poco cómo para que sea suficiente, pero lo justo para que no pueda quejarse el pueblo y aun tenga que dar las gracias".
Estamos viviendo la revolución, estamos luchando por un cambio, estamos avanzando y moviéndonos. Hemos decidido levantarnos y dejar de ser marionetas en manos de quienes tienen el poder. Por primera vez estamos todos de acuerdo en algo, la puerta de sol y plaza catalunya, y todas las plazas de España. Y, al ritmo que vamos, dentro de poco de Europa.
Es extraño. Da escalofríos y a la vez es una sensación de inusual calidez el hecho de saber que hay tanta gente, tantas mentes, unidas por lo mismo.
Cuando parezca que todo va mal debemos avanzar. Si no nos movemos no cambiaremos nada. Es cómodo quejarse desde casa. Es fácil apoyar des de el sofá. Hay que salir a la calle, hay que actuar, el mundo es de los que mueven el culo, y yo decido que lo muevo para cambiar algo, por insignificante que sea lo que pueda hacer.
K.
Y sí, chica de la ventana, todo esto es aplicable a tu caso también.
Todos tenemos un secreto inconfesable escondido. Algo que no queremos que se sepa, que protegemos, que ocultamos, que negamos. Es una puerta cerrada en el fondo del alma. Nos da miedo.
Superar ese miedo es poder abrir esa puerta con la mano firme, poder mirar dentro con la seguridad de saber qué nos vamos a encontrar, aceptar que está ahí y que no puede afectarnos ya. Hasta que no seamos inmunes necesitaremos la puerta que impida que se escape. Porque cuanto más miedo más fácil es que se escurra por la puerta, y más necesaria es dicha puerta. Y cuanto menos terror más pequeño se hace, menos necesaria es la puerta gruesa, más pacífico está él.
Hasta que un día no son necesarias puertas para guardar nuestros sucios, pequeños y oscuros secretos.